Se hicieron amargos reproches a aquellos médicos que habían abandonado a sus pacientes durante la epidemia; y ahora, cuando volvieron a la ciudad, nadie empleaba sus servicios. Eran llamados desertores, y con frecuencia eran fijados sobre sus puertas carteles con la inscripción: "Aquí hay un doctor para arrendar" […]. En el clero, la situación fue análoga
Diario del año de la peste, Daniel Defoe
Lo ha mentido el Mentiroso. 28.11.01