esta imagen es de la ciudad de Freddy. La foto es de Susana, y el cuento sirvió como pago de una deuda nunca contraída...
mentiras sobre mentiras, como pueden comprobar.
En la torre han puesto una imagen nueva: aburrido como estaba dios, lo que menos le apetecía era tener que bajar, otra vez, a supervisar como sellaban la paz los mortales -la paz de los hombres se hace con guerras, y la paz de dios se rompe con la de éstos- como quiera que le venía -por el poco uso- pequeña la túnica de sellar paces, encontró en esto la excusa perfecta para quedarse vagueando entre mullidas nubes unas cuantas eternidades más, y mandar en su lugar un emisario. Sabe el lector perfectamente que se comunican las aves por medio de los ángeles o los ángeles por medio de las aves, que para el caso que nos ocupa no importa: andaba el diablo o un diablo (estas cosas, como digo, nunca importan) disfrazado de bañera transparente en un convento de Hermanas Redentoras Piamontés -el diablo, que puede seducir a la mujer que quiera, prefiere ser bañera para ver a las monjitas en cueros-, y enterado de que la designada de sellar la paz a la que él había contribuido con innúmeras cizañas era una ángel de pétreos rasgos, decidió cabalmente que tenía que ir allí, metamorfoseado en león, para comprobar en persona qué había de verdad en eso del sexo de los ángeles, colándose entre las faldas de uno.
Los hombres no han podido dejar pasar este singular hecho, y, con un extraño concepto de deuda, hoy en la torre han puesto una imagen nueva.