Voy a postergar el capítulo de agradecimientos hasta el momento en que, como dicen algunos, la versión beata de laMentira esté disponible. Pese a haber conseguido una secretaria, que me prepara cuidadosamente mis paseos por internet, ha olvidado anotar en mi agenda que hoy es fiesta en laMentira: el día Mundial del teatro
Hace mucho tiempo que el teatro dejó de ser un medio real de crítica y presión al poder (sólo hay que echarle una ojeada a la cantidad de espectáculos que no precisan subvención para salir adelante), nos quedan, los bufones y los bufones, aunque a éstos últimos hay que agradecerles que estén cada vez más cerca del arte.
en laMentira tuvimos la suerte de que en seguida que nacimos nos bautizaron como teatro: para conocer ese bautismo, les recomiendo que le den al asterisco naranja. Antes o después acabarán llegando al texto al que me refiero... temo haberle dado a esta página una apariencia y estructura de laberinto que no buscaba, pero que me agrada mucho.
No me desvío del tema: el teatro (también) es Mentira, y como todas, también está atrapada en la red. Pero no les voy a hablar que sea una mentira socialmente aceptada, un engaño amable, lúdico... sino de la calaña del actor: la profesión más envidiosa del mundo. No hay tantas zancadillas, empujones, besos falsos e imposturas en ninguna otra profesión, pero siempre les oirán cubrirse de elogios unos a otros. Si quieren ver la mejor actuación de su vida, si quieren ver a los mejores actores fingiendo como no fingirán jamás sobre un escenario, no duden en seguir esto el próximo 15 de abril
Si los archivos estuvieran presentables (si van a mirarlos, allá ustedes...), les enlazaría al post que pusimos cuando la muerte de Marsillach. Todo hombre de genio está condenado a perdurar en la anécdota. Para que se cumpla ese destino, nos quedamos con una frase suya que estaba en medio de aquella nota, y con un poema de un autor teatral
El público quiere volver al hecho vivo, al factor humano.
Es el regreso al arte como peligro.
Oigan: si encienden las estrellas
es porque alguien las necesita, ¿verdad?,
es que alguien desea que estén,
es que alguien llama perlas a esas escupitinas.
Resollando tormentas de polvo
del mediodía penetra hasta Dios,
teme haber llegado tarde, llora.
Le besa la mano carniseca,
implora que pongan sin falta una estrella,
jura que no soportará este tormento inestelar,
y luego anda preocupado,
aunque aparenta calma.
Dice a alguien:
Ahora no estás mal, ¿eh?
¿A que ya no tienes miedo?
Oigan si encienden las estrellas
¿es porque alguien las necesita, verdad?
Es indispensable que todas las noches sobre [los tejados
arda aunque sea una sola estrella