va por el camino de tierra. Sus zapatos rojos se reflejan en el color del camino.
Se le para delante un hombre con la piel del mismo color teja de ese camino que va pisando, y que no sabemos dónde empieza ni dónde termina. Le pregunta el nombre, su nombre.
La niña está acostumbrada a hablar con las aves, a resolver las dudas de los peces, a departir con ángeles y domesticar leones, pero no tiene experiencia alguna con personas de piel color teja, así que sin pestañear, coge una estrella que se había quedado rezagada en el camino y prosigue su paseo