todo es mentira Les tengo atadosmiéntemela vista atrás...y más que vendrá

 

a través de esa ventana se ve el mundo

¿Saben? ayer entró el verano. Lo descubrí en un apeadero de RENFE, con el ánimo tranquilo y con poca cosa que hacer. Corrían dos acequias por allí cerca y el viento zarandeaba las cañas verdes. El calor saturaba ligeramente, y me dio el enésimo acceso de ganas de escribir. Se escribe mejor en verano, háganme caso

pues eso, que estando como estaba donde estaba, mirando como miraba lo que miraba, me he acordado de mi paisano Miró, al que cito largamente (desde el poder de la palabra nuevamente) para su disfrute:

Dice el Eclesiastés que la risa, el habla y el andar del hombre muestran su corazón. Pues el ánimo del dueño de estas heredades se manifiesta en las ventanas; aquí, aun sin querer, pone su tono, sus resabios, sus cavilaciones, sus conceptos, singularmente el de la Interinidad de la vida. Crece el edificio; va quejándose su fisonomía con los rasgos de los balcones de las rejas... (Una ventana encima de un huerto, del mar, de las soledades de un monte, nos comunica las complacencias de los que están junto a la vidriera mirando.) [...] La ventana no es sólo la mirada, es también el grito, la ansiedad, la sonrisa hacia los senderos, las nubes, los caminantes, las aves, los rebaños, la lluvia, las estrellas.

Gabriel Miró, Años y Leguas


cambiando la piel

Los durmientes de Éfeso tienen las horas contadas. En breve (¿en breve?) les dejaremos durmiendo el sueño de los justos para siempre, y con la mudanza de servidor cambiará también la apariencia. Tras descartar varias ¿ideas?, nos quedamos dos, que ponemos a la consideración de Vds.

Esto (con mar, con libros, con alfabetos)

O esto

sea como fuere, citar a Ende es una buena excusa para recordarles un texto suyo que pusimos aquí en los primeros días.

Este señor se compone sólo de letras. De muchísimas letras, se entiende, de un número astronómico de letras. Pero sólo letras, al fin y al cabo. Aquí está su amiga. Ella es de carne y hueso ¡Y de qué carne! Da gusto verla, ¡y no digamos tocarla! [...] Pronto llegan a la caseta de Tiro al Blanco[...] Las reglas son sólo tres

1. Cada tiro es un blanco garantizado
2. Por cada blanco, un tiro gratis.
3. El primer tiro es gratuito.

El señor que rodea con el brazo la cintura de su amiga estudia atentamente el letrero. Quiere seguir su camino rápidamente, pero ella insiste en que haga uso de su ventajosa oferta. Quiere ver de lo que es capaz [...]
Él no quiere. Tiene de malo que hay que disparar sobre un blanco bastante insólito: sobre uno mismo, es decir, sobre la propia imagen reflejada en un espejo de metal [...]

Michael Ende, El Espejo en el Espejo



Lo ha mentido el Mentiroso.

13.5.02


 

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