laMentira
la mentira les tengo atados archivoscorreo

22/06/02

Mira este espejo. Lleva en este lugar mil años esperándote.
A ti. Eres tú.

Medis Terrae. Un mar emergido en mitad de la tierra

Queríamos hablar del uso del ruido y del fuego para celebrar, estos días que todo lo quemamos y todo lo ensordecemos y San Juan está tan cerca, pero Fernando M. Pérez Herranz es mucho más certero que yo. Extractamos las partes que interesan, y señalamos las de lectura obligatoria. Buen provecho.

(...)Pero en el Mediterráneo donde se escribió que «el hombre es la medida de todas las cosas» enseguida se habría sospechado de aquella desmesura y no habría tardado en convertirse en una figura de cartón piedra, en un símbolo de la soberbia que, por esta época del año, se purifica en la hoguera. Porque si los donaires del vampiro residen en la «inmortalidad», las gracias del Mediterráneo residen en conocer la «finitud de la vida»(...)

(...)El inmortal se desconcierta al ver pasar los nuevos mundos que acompañan el crecimiento de las ciudades, al contemplar cómo los barcos de vela dan paso a los barcos de vapor y éstos a los submarinos nucleares... El inmortal se decepciona con el paso de las generaciones: pues no es fácil conformarse con la sucia sangre moderna de vulgar sabor democrático, tras haberse alimentado de exquisita sangre aristocrática(...)

(...)Los hombres del Mediterráneo, acostumbrados a comerciar, saben que ni siquiera vivir es necesario. «Navegar es necesario, pero vivir no es necesario» fue divisa de los eternos navegantes griegos, a los que perteneció el primero de los filósofos y de los matemáticos, Tales de Mileto. El tiempo del Mediterráneo es circular y, por eso, eterno y finito: todo lo que empieza, acaba, y vuelta a empezar. Los hombres del Mediterráneo señalan un día que anuda el pasado, el presente y el futuro. Un día en el que se arrojan al fuego todos los desaguisados, injusticias y estupideces cometidos y sufridos a lo largo del ciclo anual. Lo eterno, aquí, en el Mediterráneo, no es la infinita acumulación de las cosas, sino la repetición del goce, la vida buena -el buen yantar, el buen amar, el buen comerciar (que es saber ver al otro no como el enemigo, la Alteridad, sino alguien con quien se ha de negociar)-. No hay temor, entonces, de dejar los bienes, pero también las deudas, a los hijos, para que sigan el ciclo, se acomoden a los nuevos tiempos y continúen el ritmo circular de la espléndida variedad de la vida.

Pero el inmortal tiene otra manera de vivir un instante digno: acercarse por estas tierras alicantinas ahora que celebran sus fiestas del fuego, y arrojarse a cualquiera de los cientos de hogueras purificadoras y dejar seguir la marcha circular y eterna del sol que ahora alcanza el solsticio de verano.
Comentarios: Publicar un comentario en la entrada



Crear un enlace



<< Página principal

§

Quaedam.com · 2000 caracteres · interior día · laMentira · correo · Mir&Mor · feed