24 de agosto, San Bartolomé, la noche que el diablo sale a cazar ángeles. Dónde andarán los destinos, dónde andarán después que los vi bajar arrastrados en un un río desviado, seco, sinuoso. Un río rojo de hierro. Tus palabras me arrastran como un río rojo de hierro
Perdón, por dónde iba, los destinos, iba por los detinos, agarrados en unas cadenas que no aprietan,
(piedra-dura, agua-moja) unos labios de no-sed, unos ojos de no-llanto, unos dedos que no cogen, una voz que dice dame "Bienvenido, bienavenido, bienaventurado"
y el diablo sigue cazando ángeles
se precipitan, se precipitan, y salen a un mar que no es el nuestro
un vasito con aguardiente
esperando ser bebido
un presente que no es el nuestro
un animal blanco
un animal
una realidad que no es la nuestra
una hoguera de agua
este delfín de madera
y todo es rumor de túnicas y aleteo suave de alas, que el diablo ha salido a cazar ángeles, y marabajo, bienadentro, un hombre sigue tratando de atrapar con una cuerda esos destinos, y alguien mira de reojo y sonríe cállense, cállense y se hace silencio y todos acabamos en la misma fuente de piedra