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06/07/02
devuélveme mi nombre
Vd bien sabrán que lo que no se nombra no existe, o más bien no puede ser comprendido, y por eso las regiones del pensamiento que no podemos describir siempre han tenido atareados a los filósofos. Hubo una época en que a mí me quitaron el nombre, y ayer me dieron a tiempo parcial el de Morana, que es tan bueno como cualquier otro; quizá me describa ese nombre. Las cosas, al cambiar de materia, cambian la forma de ser nombradas, y a la reunión de un puñado de ladrillos ya no le llamamos ladrillos, sino pared, por poner un ejemplo prosaico. Pero pasa continuamente. No así con las personas, y cuando cambiamos nos siguen llamando con un nombre viejo que sospechamos ya no es el nuestro. La persona que me quitó el nombre es la que ahora cuidó a Margaret unos posts abajo, y la que me dio nombre nuevo me regaló además el texto ajeno de hoy. El hijo De haber tenido un hijo no lo habría llamado ni mario ni orlando ni hamlet ni hardy ni brenno como reza mi fardo onomástico más bien le habría colgado un monosílabo algo así como luis o blas o juan o paz o luz si era mujer de manera que uno pudiera convocarlo con sólo respirar de haber tenido un hijo le habría enseñado a leer en los libros y muros y en los ojos veraces y también a escribir pero sólo en las rocas con un buril de fuego de modo que las lluvias limpiaran sus palabras defendiéndolas de la envidia y la roña y eso aunque nadie nunca se arrimara a leerlas de haber tenido un hijo acaso no sabría que hacer con él salvo decirle adiós cuando se fuera con mis heridos ojos por la vida Mario Benedetti |
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