Sobrevoló el nido de la tortuga inspeccionándolo minuciosamente.
Decidió que sus dimensiones eran adecuadas, que esas vistas al mar eran las que siempre había soñado para el último de sus huevos.
Se había informado bien: el nido permanecería vacío durante unos días.
Se posó sobre la arena, sacudió las patas -la arena resultaba sorprendente, como todo lo nuevo- y recogió sus oscuras alas de seda con ademanes de invasora.
Acto seguido metió una pata en el nido y después la otra y puso, no sin cierto esfuerzo- un huevo muy hermoso, cubierto de letras y de símbolos.
Toda la vida había trasladado los huevos en el pico para depositarlos en nidos ajenos. Sin embargo, este era especial. Se trataba de su último huevo. Merecía que por él tuviesen lugar ciertas ceremonias.
Una vez hubo concluido el proceso, abandonó el hueco y contempló el huevo ufana, con satisfacción de artista.
- Es la mar de bonito este huevo, sí señor- pensó para si. El huevo más bonito que he puesto nunca..Y dará mucho que hablar.
Después se sacudió nuevamente la arena de las patas y echó a volar sin remordimiento.
El destello del sol en sus alas y su cu cu se perdieron en la línea del horizonte.
Y vaya que dio que hablar aquel asunto del huevo.
El azar hizo que un ornitólogo que había acudido a la playa a censar gaviotas encontrase aquel raro ejemplar. Nada más ni nada menos que en el nido abandonado de una tortuga. Un huevo que, además, en su cáscara mostraba letras y signos que inexplicablemente hacían pensar en El siglo de las luces .
A pesar de que la incubación no prosperó (de lo cual se culpó al apagón causado por los climatizadores de toda la ciudad funcionando a la vez durante la canícula, dejando sin suministro eléctrico a la incubadora), se elaboró una tesis que causó impresión en las sociedades ornitológicas de todo el mundo. Se dieron conferencias y se debatió sobre la influencia del cambio climático en las costumbres y el código genético de los pájaros.
La tortuga, que jamás tuvo conocimiento de aquella nidación estrafalaria que había tenido lugar en su agujero, empezó a soñar con una casa que se cerraba con seis llaves y durante el día acudían a su mente de modo obsesivo las palabras Explosión en una catedral. Pero esto no llegó a oídos de ningún científico porque las tortugas no hablan.
Todo menos to be or not to be o Texto ajeno del viernes
Como lluvia tibia, saliva.
Como cuadernas, arqueadas vértebras.
Como viento suave hinchando lienzos,
el silencio roto, el gemido.
Labios rojos, partidos
sonidos guturales.
Dulce, inequívoca caricia labradora,
pan para el nácar de los dientes,
encía, roces digitales,
oquedad para derramar aliento.
Alimento.
Imposible el sueño sobre las sábanas blancas,
cuerpos henchidos, escorados, amantes
forzando los goznes del silencio.
Sed. Olas. Corvas.
Aristas. Curvas. Carne en términos de liturgia,
acaso hundidas las manos en los pechos,
y en el vientre flores suculentas.
Enséñame a derivar sobre este lecho, amor,
en el que te tendiste a esperarme.
Desnudo y ávido en los atardeceres del verano.