todo es mentira Les tengo atadosmiéntemela vista atrás...y más que vendrá

 

la prosperidad

Margaret era una acumulación de nudos y callos a lo largo de su diminuto cuerpo. Decía que había nacido el mismo año que el hospital colonial donde la atendí.

Lunes
- Hora de la pastilla, Margaret
- No la necesito, querida. Ya la he tomado.
- No puede ser ¿quién se la ha dado?
- El hombre invisible. Así que ya te puedes ir por donde has venido.
An invisible man, me había dicho. Veía hadas y seres que la rodeaban. Había enterrado a su familia entera y muchas veces me pregunté qué era lo que le motivaba a mantenerse viva.
- Pues quisiera hablar con ese Hombre Invisible, porque estoy segura de que la pastilla que te ha dado no es la misma que te traigo yo.
- Me váis a matar entre todos. Ya tomé mi pastilla, así que hasta mañana no pienso tomar ninguna más ¿te crees que no me doy cuenta de todo lo que pasa a mi alrededor?
- Lo único que le digo es que ese Hombre Invisible le ha dado una pastilla distinta, y hasta que no se tome esta, no puedo ir a atender a los demás pacientes.
- Trae aquí hija, eres tan buena...
Y me pasó la mano encallecida por la cara.

Miércoles
- Soy un ángel. No tengo edad, cariño.
- No dudo que lo sea, Margaret, pero incluso los ángeles tienen que tomar su medicación. Además, hoy hablé con el hombre invisible, y me dijo que no podía venir a darle su pastilla, así que se la traigo yo.
- ¡Oh! pobrecito... no estará enfermo, ¿verdad?
- ...ha salido de viaje. No sabe cuándo volverá.
- Trae aquí, hija, eres tan buena.

Viernes
- ¿No viene nunca nadie a verla, Margaret?
- Todos los míos están muertos. Alguna vez pienso que debería ir a verlos al panteón, total, sólo está a 45 millas de aquí.
- ¿La enterrarán a usted allí?
- No, hija. A mí no me reservaron sitio porque sabían que no me iba a morir.
- ¿Que no se va a morir?
- La muerte se ha cansado de esperarme hija. Yo he sido más tozuda. Así que hoy, nada de pastillas. No hacen más que fatigarme más. Estoy tan cansada...
Y me pasó la mano encallecida por la cara. La cambiaron de hospital, se fue a uno público, y estoy segura de que allí sigue contando historias de cuando fue hada, y de cómo se convirtió en humana para casarse con un granjero de bigotes retorcidos, y de aquella vez que le hizo crecer alas a su perro para que llegase a tiempo de anunciar un incendio, o de sus paseos por el Olimpo griego, y de cómo las diosas no eran como en las litografías, sino mucho más rubias.

[...]

Dos cuervos en alegre conversación

Mírame. Tú que pareces ver tan lejos, mírame.
Me aterra la facilidad con que te muestras.


Lo ha mentido el Mentiroso.

1.7.02


 

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