Me tiemblan las manos. No sé por qué.
Puede ser cansancio. Puede ser.
Pueden ser los cambios de presión y el dolor de cabeza en este tiempo tan extraño. Esta noche volví a acercarme al mar, y volvió a parecerme el mismo de siempre, a pesar de lo que dice Ana.
Puede ser nostalgia de Ana. Puede ser.
Puede ser que tengan ganas de cogerte y de que me cojas, de notar la carne caliente aplastando mis manos y cortándome la circulación. Pablo dice que tengo las manos bonitas, pequeñas y de dedos finos, con la piel oscura y las líneas muy marcadas. Puede que tiemblen porque saben que no me gustan.
Hoy han cogido un despertador, una almohada, un grifo, mis mejillas, una taza, un tarro de café, un cepillo de dientes, unas gafas, un sujetador color crema, unos vaqueros, una camiseta de pico, una cartera, un billete de autobús y así hasta este lápiz, hasta este teclado. Puede que sean demasiadas cosas para unas manos tan pequeñas, puede que les quede memoria física de la taza de café de mediodía pero no del roce fugaz con tus manos, y les aterra perder recuerdos. Puede ser, sólo puede ser.
Hoy han cogido fotos de viajes ajenos, que siempre hacen surgir una rabia sostenida, y he pasado las yemas sobre ellas sin mirarlas sintiendo todas las cosas que había detrás.
O sencillamente porque mis manos tratan de decirme algo. Órganos vitales.