Estoy atrapado en eresMenos y su red de páginas. Lo cual no evita que de todos modos me entretenga. Ojiplático me ha dejado esto:
La guardiana de los secretos
(Bueno, era esta historia, pero reseñada en otra página que mi secretaria no ha encontrado: el espacio EresMenos es inexpugnable).
Gracias a Dios, en la misma página había una entrevista con Vila-Matas:
Con toda seguridad se puede escribir sin preguntarse por qué se escribe.
y ya me he quedado mejor.
Un artículo de Saramago acerca de los lectores, la novela y la mentira (a cambio de la posdata que la secretaria se ha guardado en el bolsillo):
No olvidemos, no obstante, que, así como las verdades puras no existen, tampoco las puras falsedades pueden existir. Porque si es cierto que toda verdad lleva consigo, inevitablemente, una parcela de falsedad aunque no sea mas que por insuficiencia expresiva de las palabras usadas, también es cierto que ninguna falsedad llegará a ser tan radical que no vehicule, e incluso contra las intenciones del embustero, una parcela de verdad. En ese caso, la mentira podría contener, por ejemplo, dos verdades: la propia suya, elemental, esto es, la verdad de su propia contradicción (la verdad no puede ser borrada, se encuentra oculta en las mismas palabras que la niegan...), y una otra verdad, la de que, sin quererlo, se tornó vehículo comporte o no esta nueva verdad, a su vez, una parcela de mentira.
De fingimientos de verdades y de verdades de fingimientos se hacen, pues, las historias. Con todo, y a despecho de lo que, en el texto, se nos presenta como una evidencia material, la historia que al lector más le deberá interesar no es en mi opinión, la que, en último extremo, le va a ser propuesta por la narrativa. Cualquier ficción (por hablar ahora apenas de lo que me es más próximo) no está formada solamente por personajes, conflictos, situaciones, lances, peripecias, sorpresas, efectos de estilo, juegos malabares, exhibiciones gimnásticas de técnica narrativa -una ficción es (como toda obra de arte) la expresión más ambiciosa de una parcela de la humanidad, esto es, su Autor-. Me pregunto, incluso, si lo que determina al lector a leer no será la esperanza no consciente de descubrir en el interior del libro -mas que la historia que le será contada- la persona invisible, pero omnipresente del autor. Tal como creo entenderla, la novela es una máscara que esconde y al mismo tiempo revela los trazos del novelista. Probablemente (digo probablemente) el lector no lee la novela, lee al novelista.