todo es mentira Les tengo atadosmiéntemela vista atrás...y más que vendrá

 

Raimundo Sopeña es un tipo bastante vulgar. Si preguntáramos a su jefe, nos diría que es un trabajador modelo, que llega cinco minutos antes a su mesa y se marcha siempre el último de la oficina; nunca ha dado problemas y no le importa ni hacer los trabajos más pesados ni no cobrar las horas extra. Si preguntáramos a sus compañeros de la oficina de patentes donde trabaja, nos dirían que no sólo es un tipo normal, sino que un buen compañero, atento y educado. Algo reservado, quizá, pero un buen compañero. Si les quisiéramos preguntar por sus gustos o aficiones, la persona preguntada titubearía un momento, nos miraría con cierto estupor, y se apresuraría confesar que no lo sabe, pero que sigue siendo un compañero ejemplar. Si preguntásemos a su portera nos diría que está encantada con Raimundo Sopeña, porque no molesta a sus vecinos, al contrario de esos escandalosos del 5º C, está siempre al corriente de su mensualidad y es atento hasta la náusea con ella. Pero no sería capaz de decirnos si cambia a menudo de corbata, si tiene novia conocida o si es hincha de éste o aquel equipo.

En casa de Raimundo no hay un solo espejo. Cree secretamente que la reverberación de la luz en ellos molesta a sus tortugas. Lo que nadie sabe de Raimundo Sopeña es que no sólo cría tortugas, sino que ha conseguido dos ejemplares rarísimos, uno rojo y otro verde. Sueña con ir a vivir a Australia. Con dejar la oficina de patentes, a los cínicos de sus compañeros, a la cotilla de su portera y al déspota de su jefe.

Entretanto, cría tortugas verdes y rojas, porque cuando se aparean entre ellas se oyen unos sonidos que pueden ser confundidos en un primer momento con gemidos, pero que son muy parecidos a los ruiditos que emiten los marsupiales.




Lo ha mentido el Mentiroso.

30.9.02


 

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