San Juan Bautista se convierte repentinamente al ateísmo militante, tras tropezar con una piedra del camino y rasgarse su túnica nueva
¡Estoy harto de la Providencia! ¡Y de las señales divinas! ¡Ya no descanso! ¿Este rasguño es una Señal, o un accidente? Claro, como eres inescrutable, vaya usted a saber, y puedo estar calentándome la cabeza en vano y desangrándome por no contravenir tu Voluntad.
¡Estoy harto de que me saques de la cama a las tantas de la madrugada para que esparza la Buena Nueva! Estoy tan harto de ti, que renuncio, ¿me oyes? No te hagas el sordo, que sé muy bien que estás en todos lados ¡Renuncio! Me paso al ateísmo, que es más tranquilo, y como te pongas tonto, me hago panteísta, y ahí sí que la liamos.
No pienso renunciar a la coyuntura carnal, ni voy a ganarme el pan con el sudor de mi frente, y mucho menos pienso parir a mis hijos con dolor...
...¿o era parir a mis hijos con el sudor de la frente?
Como fuere, ¡ahí te quedas!