Qué quieren... la épica es la épica, tenga la forma que tenga, y me daban escalofríos al oír a Gandalf diciendo He vuelto en los albores de la tormenta para estar con vosotros de nuevo, y las escenas de Aragorn y Arwen (ambos con un destino que no quieren cumplir, el de ella la liga a la tierra pero le niega el amor; el de él remueve unos antepasados ignominiosos) me hacían saltar lagrimitas.
Cuando leí el capítulo del puente de Moria, yo también pasé de golpe varias páginas para comprobar que no era verdad la muerte de Gandalf.
El Balrog llegó al puente. Gandalf aguardaba en el medio, apoyándose en la vara que tenía en la mano izquierda; pero en la otra relampagueaba Glamdring, fría y blanca. El enemigo se detuvo de nuevo, enfrentándolo, y la sombra que lo envolvía se abrió a los lados como dos vastas alas. Enseguida esgrimió el látigo y las colas crujieron y gimieron. Un fuego le salía de la nariz. Pero Gandalf no se movió.