todo es mentira Les tengo atadosmiéntemela vista atrás...y más que vendrá

 

Out of nowhere

Miles Davis sudaba en el escenario. A la misma hora, el tren con la resina para hacer lápices llegaba tarde a la estación de Málaga. Unos segundos después, Claudia enhebraba los botones grises de un jersey gris, en la nave de al lado, justo antes del almuerzo su amiga Rea amalgamaba la cera en finas vetas para darle forma de rana. Almorzaron junto al muelle sesenta y tres, miraron alejarse los pájaros, bromearon sobre el nuevo encargado, recogieron conchas de las redes; Miles Davis descansaba durante el solo de piano y bebía cerveza con limón como el que camina por el desierto. Apenas unos instantes después, el retrato de Adele Boch-Bauer se rajó en una de sus esquinas inferires, y hubo que llevarlo a restaurar, en un país del oriente donde la inmortalidad aún era posible, Pay-Noh encendía incienso a los pies de la estatua del dios de los Remordimientos, una misteriosa bolsa con las iniciales de un museo era recibida y no era abierta, alguien recibía una llamada a la misma hora de la tarde en que Leopolodo Marechal había terminado de escribir Adán Buenosayres, tres cartas eran escritas y tres cartas eran contestadas, Láureo ponía en bloqueo de su discman para meterlo en la mochila, y otras tantas cosas sucedían que no las recordamos.

Out of nowhere. Años después, Miles Davis dejó de sudar definitivamente en los escenarios, los trenes no se pararon, movieron las fábricas de sitio, internet llegó a aquel país oriental, y las cartas eran cambiadas por un paquete marrón enorme que parecía venir de Nueva Zelanda, la felicidad definía sus formas, Out of Nowhere.

Yo también sé hacer trampas

El contacto del escenario sobre los pies descalzos produce electricidad.

Lo ha mentido el Mentiroso.

27.2.03


 

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