![]() |
13/02/03
Por qué leer a los clásicos
Yo no me atrevería a defender Mis desviadas costumbres, ni a esgrimir Defensas engañosas a favor de mis vicios. Lo confieso –si sirve para algo El confesar las culpas. Ahora, tras confesarlo, Vuelvo insensatamente a mis delitos. Odio y no me es posible Dejar de desear aquello que odio. ¡Ay, qué dura se hace de llevar la carga que uno intenta sacudirse! No tengo fuerzas ni jurisdicción Para ejercer dominio sobre mí. Empujado me veo, como la nace A la que arrastra el rápido torrente. No hay un modelo exacto de hermosura Que sea el que despierta mis amores. Existen cien motivos Para que yo esté siempre enamorado. Si alguna está en sí misma recogida Con la mirada baja, Me abraso y su recato Es para mí emboscada que me tiende. Si otra es provocativa, caigo preso De que no sea una rústica, y me ofrece esperanzas De que se moverá en el blando lecho. Si se muestra intratable, imitadora De las sabinas rigurosas, pienso que quiere, pero está disimulando en el fondo. Si culta eres, me encantas por esas raras artes que te adornan. Mas, si eres ignorante, Me has complacido por tu ingenuidad. Dice una que los versos de Calímaco Son rústicos al lado de los míos: Al instante me agrada Esa mujer a la que yo agrado. También existe la que me critica A mí como poeta y a mis versos: Pues sobre mí quisiera yo los muslos De esa que me censura. Avanza delicada: me cautiva Su movimiento. Brusca es esa otra, Pero al tocar a un hombre podría ser más tierna. A ésta, porque canta dulcemente Y modula la voz con gran soltura Quisiera darle besos robados mientras canta. Esa pulsa las cuerdas lastimeras Con su pulgar experto ¿Quién podría No enamorarse de tan doctas manos? Aquella con su gesto nos deleita, Mueve los brazos cadenciosamente Y ondula su costado delicado Con suavidad: para no hablar de mí Que me conmuevo por cualquier motivo, Pon a Hipólito allí y será un Príapo. Tú, por lo alta que eres, te pareces A antiguas heroínas y en la cama Puedes ocupar todo con tu cuerpo. Ésta se presta por su pequeñez A ser acariciada. Por las dos Yo me pierdo: la grande y la pequeña Van bien para mi gusto. Una no está arreglada: me imagino Cuánto le añadiría el que lo estuviera. Otra está engalanada: Ella misma me muestra sus encantos. La de piel blanca me cautivará, Y me cautivará la sonrosada. También en el color de piel oscuro Resulta el amor grato. Si caen negros cabellos sobre el cuello de nieve, Leda fue deseable por su pelo moreno. Y si es rubia, resulta que la Aurora Gustó por su cabello de color azafranado. Mi amor se adapta a todas las historias. La juventud me atrae, la madurez me llama. La primera es mejor por su hermosura, Por su comportamiento agrada la otra. En fin, a esas muchachas que el buen gusto De todo el mundo aprueba en Roma entera, Mi amor las ambiciona a todas ellas. Horacio, II, 4 |
§ Quaedam.com · 2000 caracteres · interior día · laMentira · correo · Mir&Mor · feed |