Disculpen el laconismo, pero no se imaginan lo absorbente que puede llegar a ser la Realidad más allá de la pantalla.
Entre una cosa y otra, lo primero que quiero hacer es advertirles del peligro que tiene la poesía clásica: a una semana del estreno, tengo un pie en cuarentena, una rodilla hecha trizas, un dedo vendado y la nariz como un tomate, pero ya saben que el espéctaculo debe continuar, así que Catulo mediante, es mi deseo que queden Vds.