Escribir una novela es como mirarse muy dentro a sabiendas de que es mejor mirar para otro lado. Es el vistazo debajo del telón antes de la obra que le restará magia a la representación.
Escribir una novela es como saber que vas a contarlo todo quedándote corto, como saber que vas a sacar todas las historias de ti, y no va a quedar ninguna para darte consuelo; escribir una novela es conjurar todos los futuros en un pasado como en un acto de magia. Escribir es sorprender, ofrecer y desechar tercamente. Escribir una novela tiene de riesgo tanto como de regalo. Vaciarse de palabras es un don precioso para el que lo recibe. Por eso mi compañera y yo, que somos brujos, andamos buscando formas de burla a la novela. Por eso ella me vela escribiendo y yo le meto historias en el bolsillo del delantal cuando se queda dormida en la cocina. Mientras dure la novela.
Y luego, otra vez al principio.