Podados los árboles, la entrada de la primavera me sorprendió recogiendo las ramas para quemarlas, quitando las hojas secas con cuidado (y con un rastrillo, claro), moviéndome de un lado a otro para que no llegase la primavera un día antes -al revés que a aquel personaje tan simpático de Tomeo- y encontrase la huerta hecha un desastre.
Íbamos para media hora, y ya estaba cayendo el sol cuando mi padre y yo fumábamos satisfechos un cigarrito mirando los naranjos. La primavera podía llegar cuando quisiese, que nos iba a pillar prevenidos. El ciclo de la vida, ah qué hermoso.
Entonces sobrevoló la huerta, a una altura muy baja, un helicóptero militar.