No te asombres ni indagues la causa de que, Rufo, no haya una sola
Que quiera debajo de ti lúbricos muslos poner,
Ni aunque atraerla pretendas comprándole telas muy caras
O alguna piedra preciosa con un fulgor especial.
Te perjudica un rumor que la gente viene difundiendo en tu contra:
Dicen que vive un cabrón bajo tu hueco alerón.
Todas lo temen, feroz; y es normal, pues es bestia muy mala,
Y chica bonita no hay que quiera acostarse con él.
Así que o mata esa peste maldita que ofende el olfato,
O deja ya de admirar por qué se escapan de ti.