Han puesto la noria junto a casa, y unas carpas para el mercadillo medieval. Traerán tragafuegos, bufones, zancudos, echadores de cartas, pintores sobre tabla y, con suerte, podré ver alguna justa desde el balcón.
Han ocupado y cortado las calles, reniegan los obreros y nos cortan el teléfono por error durante unas horas.
Me dura la afonía de Guardamar, la pesadez del aire que tiene consistencia dearena mojada, y las ganas de apretar tu cuerpo y notar que se deshace la carne en mis manos.
Si me asomo un poco más, detrás de las carpas están el resto de atracciones, este año podré subir a la noria desde mi ventana sin pagar billete, y lanzar cubos de agua a los de los autos de choque, y si me aposto en la ventana, lanzar al patito -por más que se horrorice H.P.- con la escopeta de aire comprimido que previamente habré sustraido con caña de pescar.
Cuánto dura la nostalgia. A veces creo que es otro azar.