Pero hagan algo, hombre, hagan algo ¿No ven que están solos y a la deriva?...
Bueno, solos, lo que se dice solos... no están. Porque son 29 000, que se dice pronto. Lo voy a escribir con letras, que parece que dura más: veintinuevemil.
Al parecer, el billete que habían sacado para Europa no era del todo legal, no leyeron la letra pequeña, esa que decía: En caso de choque o desprendimiento de la carga del pasaje, la empresa no se ocupará del rescate cuantos individuos puedan quedar a la deriva.
Se conoce que las gélidas aguas de Alaska no les sientan bien, o que no es el ecosistema natural de los patitos de goma, pero vienen camino de Europa, Atlántico a través. Y no crean que no ha sido una decisión meditada, no,
sino que, mapa en ala, han mirado bien: algunos se han ido a Hawai, otros, los más indecisos, acabaron entre las fauces de peces despistados, pero la verdad es que lo último que esperaban es el convertirse en objeto de estudio por los oceanógrafos.
Lo grave del asunto es dónde van.
Alguien les ha informado mal, y parece que se acercan peligrosamente a las costas de la Pérfida Albión, atraídos por sus luminosas playas y voluptuosas ánades hembra.
Ayúdenles; recorten siluetas de patos de goma y péguenlas en todos los faros de la fachada atlántica, hagan turnos de vigilancia en la costa para rescatar a los que lleguen, inunden el buzón de Blair con postales exigiendo la repatriación de los patitos... lo que sea, pero hagan algo.