todo es mentira Les tengo atadosmiéntemela vista atrás...y más que vendrá

 

Algunos días de Septiembre u Octubre

El 13 de Octubre de 1941, Albert Camus caminaba por un arrabal de Orán pensando en qué sería de su destino lejos de su patria y lejos también, por sentirse extraño en ella, de Argelia. Había llegado por la mañana en el barco de Marsella con escalas en Ibiza y Alicante; viajaban con él muchos republicanos de España aún recientes haciéndose pasar por turistas o burgueses en busca de mano de obra, muchos niños que dormían dentro de cajones en la cubierta, muchos paisanos que huían de Vichy.

Atardecía. El declinar del sol en octubre es muy largo en Orán; a la hora de la siesta una espesa niebla se sitúa alta, en el lugar de las nubes, y permanece allí hasta la noche. Los cafés estaban abarrotados, pero por más que preguntaba en uno y otro sitio, no encontraba dónde alojarse, a pesar de que visitó todos los lugares que recordaba de su niñez. La fiebre o la desorientación le hicieron arrabalear, con la chaqueta manchada de barro de arriba a abajo, un cigarro sin encender aplastado en la boca y una carpeta de cuero negra como único equipaje. En ella iba el primer borrador de El extranjero, pero estos días en Orán le hicieron cambiar completamente el argumento.

Decidido a dormir en un barranco desde el que se divisaba el puerto y el mar sucio, antes de llegar a él vio un café que no recordaba. Debía ser el único que quedaba abierto en toda la ciudad; "Krishna Café", rezaba el letrero de madera en la fachada. Entró para guarecerse del frío mientras le dejaran, pero al llegar, como en El Malentendido, le pareció que ese lugar era el de su infancia y que conocía a la mujer de detrás de la barra. Se saludaron. Tomó café y leyó los diarios locales. Antes de cerrar, ella le preguntó si tenía dónde quedarse, y le alojó de inmediato.

Mientras le mostraba la habitación, le recordó que una vez se habían conocido, que la hermana de ella y él habían compartido besos y promesas una noche en los alrededores de la catedral, la noche antes de que Camus se marchase a Francia. Esa noche le había prometido volver a por ella y, como sabemos, rompió su promesa. La hermana murió de fiebres pocos meses después.

Camus pasó allí dos semanas, que le sirvieron para reescribir El extranjero; durmió en una cama de amapolas y probó los tés de Orán por primera vez; jugó con el gato de ella, despreocupado de la guerra y puso en orden su alma. Los entendidos en su obra dicen que fue allí donde encontró fuerza suficiente para seguir escribiendo.


Lo ha mentido el Mentiroso.

26.9.03


 

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