Un día, Copi, Boutade y yo fuimos a comer ostras a una brasserie del barrio. Me acordaré siempre de ese día, no sólo porque fue la primera vez en mi vida que comía ostras (invitaba Copi), sino también porque descubrí que había personas que podían vivir literalmente de un secreto y también porque la luz de invierno era hermosísima, seguramente en mi vida he visto otro día con una luz como aquélla.