Ahora resulta que tengo al menos otra familia. A la sanguínea, de corriente, se le añade la familia que uno escoge, y que suele estar conformada por tipos más o menos peculiares de las necesidades de cada uno; son los amigos y los no tan amigos, pero que entran en uno y de repente te entra la necesidad de cuidar y querer a un prójimo. Ahora resulta que tengo aún una familia más, una familia que quiere cuidarme contra viento y marea, y que me ha salido como al que le crece una extremidad donde tenía la perdida.