Hiru es un gato que no le tiene miedo al fuego. Lo mira con aburrimiento, y a veces le llama la atención el humo de los cigarrillos, pero huye estornudando de él todas las veces. Hiru me sigue por toda la casa, escaleras arriba y abajo, y trata de domarme. Tiene el pelo amarillo y todavía está echando los dientes, así que me muerde sin demasiada fuerza, y cuando hace presa y se pregunta cómo ha sido tan fácil, abre la boca y, aburrido, mira para otro lado.
A mí, particularmente, Hiru me sirve para calentarme el regazo en la silla y los pies en la cama, para acompañarme y darme un poco de trabajo más, y para sentirme acompañado. Ahora, al entrar a casa, le llamo para ponerle su comida, y le cuento siempre la historia de Hiru, un gato que alguien abandonó y otro alguien encontró.
Desgraciadamente, no pudo quedarse con la persona que escogió, mi amigo Paco; pero ya se sabe que la forma de los deseos es caprichosa, y ahora ya ha encontrado la horma de su zapato.