Una pareja pasea cogida de la mano por una calle peatonal. Ella coge lánguidamente el extremo de los dedos índice y corazón de él; él se limita a dejarse arrastrar, como si en esa parte de la mano estuviera toda su fuerza, y ella le llevase. Por la forma de vestir, están en la frontera entre ser turistas o matrimonio reciente gastando el domingo. Se alejan por la calle cuesta arriba, y al pasar frente a nuestra mirada podemos saber lo que traen en la cabeza. Ella va pensando en tener un niño, y cómo decírselo a él. Él va pensando en qué parte del jardín enterrarán al próximo niño.