- Tendrás un hijo, tendrás un hijo escritor. Tendrás más hijos, con los que estarás feliz y satisfecho, pero éste será tu orgullo. Le verás ir y venir, le verás muchas sonrisas, y sobre todo le verás dar muchas vueltas y vueltas... muchas vueltas y vueltas.
- ¿Y al final? ¿Y al final de las vueltas qué hay?
- Eso no debería ser de tu incumbencia, pero para saberlo pon más oro en mi mano.
Como madre, este texto me hace sonreir. Ese primer impulso de preguntar por el fin (el éxito) de las vueltas, del devenir azaroso, no se puede evitar. Mezcla de sobreprotección y de afán de control, de que su vida salga a nuestro gusto. Tu "acierto" en lo sensato es mi tranquilidad; mi tranquilidad es mi felicidad.
Y nuestra única tarea en la vida es enseñarles a dar vueltas de todo tipo: rápidas, lentas, boca arriba,boca abajo, en llano, en precipicio, hacia un lado, hacia el otro... sólo tenemos que enseñarles a contrarrestar la inercia.