Bajo el árbol de las manzanas doradas, o el que creíamos árbol de las manzanas doradas pero en realidad daba uvas tan pesadas que hacían curvarse las ramas, descansa Tántalo, hijo de Zeus, y cada bocanada de aire está acompañada de un sonoro ronquido y un revuelo en la barba.
Cuando se acerca alguien por el camino, la ninfa Adrastea corre rápida a despertarle, a agitarle para que entre en el lago de agua que siempre resbala por su boca, donde las uvas del árbol de las manzanas doradas no está a su alcance. Esta tarde, Adrastea (et. "lo que no se puede evitar") también se ha quedado dormida, y es Zeus el que con sus enorme sandalias levanta el plvo del camino.
Observa al rey frigio. Piensa en despertarle y obligarle a seguir cumpliendo su castigo.
Finalmente decide darse media vuelta y no volver por allí más. Últimamente le ha estado dando vueltas a la broma de Tántalo, ofrecer con engaños carne humana como cena a los dioses.
Zeus recuerda con deleite el sabor, y se pregunta si no será hora de levantar el castigo a Tántalo.
Lo ha mentido el Mentiroso. 19.11.04
Comments:
He descubierto tu blog por casualidad. Me gusta mucho lo que escribes y cómo lo haces. Te he enlazado en el mío. Saludos.