todo es mentira Les tengo atadosmiéntemela vista atrás...y más que vendrá

 

Crítica literaria

Ahora, sin embargo, que estamos iguales porque tú quieres, me parece más azar el azar que me trajo; ahora que son muchas las lecturas que llevo, y pienso -la realidad obliga- que es mejor confiarse a uno mismo.

Recuerdo la primera vez que leí los cuentos de Poe
(el horror y la anticipación, la entrada de lo fantástico en la vida, la posibilidad en las personas del dolor y la miseria)
y qué dejan y qué quitan. Para siempre.

El conocimiento es irreversible; también la locura y la huella del deseo.
Recuerdo muy bien la primera lectura de Bowles
(el desierto era menos mítico, el viaje era quimera)
la cercanía de la libertad y la locura, el deshecho de la vida y el calor inspirador, la posiblidad de fatigarse en un libro.

Recuerdo todas las lecturas que he hecho de Camus
(líbrame, Señor etc. etc...)
a pesar del escozor en el pecho, de las agujas atravesando cada una de las palabras, estaba la imposibilidad de no leerlo, de no saber el sufrimiento que había urdido porque estaba antes en él.

La sensación de inevitabilidad en la literatura no nos abre más que puertas. Aunque la vida dañe de por sí, ahora que estamos iguales porque tú quieres, porque tú me has traído a esta playa, porque tú me llevabas en tu texto sin saberlo.

la sensación volátil
(de mariposas añrañando el pecho)
que deja Borges cuando la trama está bien urdida, cuando es reveladora, daña y cicatriza. Peor que una enfermedad.

Lo que mejor recuerdo es la primera lectura de El viejo y el mar
(la derrota sobre la derrota, el otro desierto, la fatalidad y la lucha)
no sé qué pensaría ahora, pero era la mejor novela,
si hay algo de inevitable en la vida,
está ahí.

Gracias, Gutenberg

Lo ha mentido el Mentiroso.

2.11.04

Comments:
Y los universos de Verne, las miradas cruzadas de I.Allende, la arena ardiente del Saint de Exúpery, la crudeza de Steinbeck, el olor de la seda y el rumor de alas de Baricco, el tacto de Tamaro, los silencios de Sontag, los vientos fríos de Ibsen, el crujido de espadas de Quevedo...

Saf;-))
 
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