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17/02/05

El beso del pelícano



Me alegró mucho oír tu voz en el teléfono el otro día. Mucho. Y sabes que no olvidé tu cumpleaños, y que me tocaba llamar a mí, pero aún así me alegré mucho de oírte, de notar tu extrañeza al andar por un suelo nuevo, la falsa valentía, la sensación de preguntarse en los pasillos ¿me pertenece acaso este lugar? o ¿soy, por el contrario, yo de este lugar?, las grandes alegrías y las pequeñas miserias; me alegraron las energías recobradas, los viejos pactos, el decir sin decir.
Creo dijiste entonces que no sé qué hubiera sido de haber sido hombre. Además de hombre, quiero decir. Y a partir de ahí todo vuelve a ser fácil, todo vuelve a ser chiste y solemne, como arrastrar de pies descalzos, como acariciar un gato a contrapelo, como pasar la mano de escribir suave y por encima
del pico del pelícano.
Comentarios:
¿Falsa valentía? Te estás ganando un buen pescozón, chaval.
 
Las mentiras le hicieron famoso... Ya te lo arreglo en un santiamén. Sí, sí, ya, ya... Ya lo veo. Ejem... Me tienes contenta.
 
Por cierto, a ver cuándo actualizamos, colega.
 
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