A veces (esta misma tarde me ha ocurrido) al frotar la espalda en la ducha, el picor llama a otro un poco más arriba, justo donde mano y esponja no alcanzan. Entonces echo en falta una tercera mano que llegue exactamente a ese punto. Lo mejor en esos casos es echar mano de tu pareja, que se acerque y frote, con manopla o sin, la zona en cuestión.
Creo que el amor se creó por la necesidad de tener a alguien que nos rascase cuando nos pica y no llegamos.