Debe de haber algo equivocado en esta soledad entre horas, que pasar el índice por el lomo de los libros no me produce cosquilleo, y el juego de inventar palabras me hace llorar; debe de ser el tiempo tan frío, la proximidad de otro comienzo tan cercano o esa forma tan felina de cerrar los ojos y elevar el mentón. El caso es que no arrancado de golpe, no cortado de cuajo, no extraído de raíz, sino con una cucharilla hurga en las vísceras
una a una, con tanto cuidado que no deja ni cicatriz.
Lo ha mentido el Mentiroso. 10.3.05