A través del verdugo negro la realidad se ve achicada, pero más certera. Hay menos lugar donde equivocarse, hay menos espacio para apoyar las manos
- Pareces bizco
y cada cosa parece más, el sudor en la espalda que tengo delante parece más brillante, por ejemplo, una espalda ancha como de nadador, no existe otra cosa a menos que mueva la cabeza, a menos que la levante un poco hacia los cabellos castaños que asoman
- Me haces cosquillas
asiéndolos y dejándolos escapar entre los dedos, ya está amaneciendo si es que no ha amanecido del todo, y la mano que acaricia el pelo no existe porque no la veo a menos que me deslice hasta la nuca
- Sóplame ahí
para hundir la nariz en la base del pelo, para olfatear besar morder, para sacarse el verdugo, para dormir sobre el hombro ajeno.
Lo ha mentido el Mentiroso. 24.5.05