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![]() Entonces el mar no era peligro, sino promesa, mentira y ganas de llorar; parecía más grande, más asequible y voraz; entonces la vida no era peligro, sino menos mentira y ganas de volar. La alegría era cuando el tío Fermín terminaba el reparto cada semana, y a la chiquillería nos caían las sobras: tres sardinas raquíticas o un poco de pescadilla; un jurel, un lomo de bonito o la carne blanca de un pez espada los días que había suerte; nos escondíamos a asarlos y nos sabían mejor que cualquier otra cosa aunque comiésemos más arena que pez, porque tenían sabor de libertad y de verano, de felicidad provisional y de primeros besos en las dunas. Entonces la noche no era peligro, sino baño de estrellas y pies cubiertos de sal; el cosquilleo del aire en el torso, el agua marina escurriéndose entre los dientes, los ojos quemados de mirar al sol. Entonces la vida no era peligro. El mar era promesa. Lo ha mentido el Mentiroso. 29.6.05
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