Un día de éstos la vida me dirá adiós y se irá: ni una nota de piano se acordará de mí. Tal vez los pájaros blancos de Luanda se acuerden de un menudo militar sentado en la bahía esperando las traineras, lleno de recuerdos amargos. Me pregunto - ¿Con qué sueñas? y dentro de mí, despacito, sin que llegue a notarlo al principio, aumentando, precisándose, volviéndose real con carne y olor y vida y alma, cogiéndome la cara con las palmas abiertas, una mujer que sonríe
António Lobo Antunes, en el Babelia del 4 de junio
Aunque ahora me ocupa el Yo he de amar una piedra y me acaba de desocupar el último Marsé, saco tiempo para el Viaje al fin de la noche, para seguir ofreciéndoles perlas de su no menos divertido periplo africano.
"(...)en cuanto los excita la fiebre innoble de los trópicos, su corrupción invade la superficie. Entonces nos destapamos como locos y la porquería triunfa y nos recubre por entero. Es la confesión biológica. Desde el momento en que el trabajo y el frío dejan de coartarnos (...) desubrimos los blancos lo mismo que en la alegre ribera, una vez que el mar se retira: la verdad, charcas pestilentes, cangrejos, carroña y zurullos."
"Nunca más se me ocurriría viajar con gente tan difícil de contentar. Estaban tan desocupados, además, encerrados durante treinta días consigo mismos, que les bastaba muy poco para apasionarse. Por lo demás, no hay que olvidar que en la vida corriente cien individuos por lo menos a lo largo de una sola jornada muy ordinaria desean quitarte tu pobre vida: por ejemplo, todos aquellos a quienes molestas, apretujados en la cola del metro detrás de ti, todos aquellos también que pasan delante de tu piso y que no tienen donde vivir, todos los que esperan que acabes de hacer pipí para hacerlo ellos, tus hijos, por último, y tantos otros. Es incesante. Te acabas acostumbrando. En el barco el apiñamiento se nota más, conque es más molesto
"Mientras no mate, el militar es como un niño. Resulta fácil divertirlo. Como no está acostumbrado a pensar, en cuanto le hablas, se ve obligado, para intentar comprenderte, a hacer exfuerzos extenuantes."
"Acudí sin tardar a ofrecerle mis incompetentes pero solícitos servicios. No fue una recepción calurosa la que me reservó el director. Aquel maníaco -hay que llamarlo por su nombre- habitaba (...) un pabellón especial (...). Antes de haberme mirado siquiera, me hizo algunas preguntas muy brutales sobre mi pasado; después, un poco calmado por mis respuestas de lo más ingenuas, su desprecio hacia mí cobró un cariz bastante indulgente. Sin embargo, aún no consideró conveniente pedirme que me sentara - Según sus documentos, sabe usted un poco de medicina Le respondí que, en efecto, había hecho algunos estudios en esa materia - Entonces, ¡le servirán! -dijo- ¿Quiere whisky? Yo no bebía "¿Quiere fumar?" También lo rechacé. Aquella abstinencia lo sorprendió. Puso mala cara incluso. - No me gustan nada los empleados que no beben ni fuman... ¿No será usted pederasta por casualidad?... ¿No? ¡Lástima!... Ésos roban menos que los otros... La experiencia me lo ha enseñado.. Se encariñan... En fin -tuvo a bien retractarse- en general me ha parecido notar esa cualidad de los pederastas, a su favor... ¡Tal vez usted nos demuestre lo contrario! Y el viaje, ¿qué tal? - ¡Desagradable! -le respondí"
"Cuando llegas a alguna parte, te aparecen ambiciones. Yo tenía vocación de enfermo y nada más. Cada cual es como es."
"Los crepúsculos en aquel infierno africano eran espléndidos. No había modo de evitarlos. Trágicos todas las veces como tremendos asesinatos del sol."