Soy todavía cuando miro con satisfacción mi colección de plumas encontradas en la calle; soy ya mientras rastreo un lugar donde vivir cerca del trabajo.
La semana pasada iba a enlazarles el artículo de Lobo, pero me lo guardé, preservando un pequeño ritual personal. Si les apetece rebuscar, es una auténtica joya. El del último sábado, sin embargo, es tan dulce y triste a la vez, que no me resisto a intentar meterles el veneno de Lobo Antunes. Disfruten:
(...) Soy todavía, por ejemplo, cuando me detengo a ver a unos chicos jugando al fútbol y la pelota, mal lanzada, viene a parar a mis pies y no me resisto a devolverla, feliz, con un chute con estilo, después de hacerla botar dos veces en la rodilla, y en esos momentos recupero instantáneamente la infancia y la alegría(...) Soy ya en ciertas tardes de lluvia, en invierno, cuando la tristeza del cielo se destiñe sobre mí y me arrodillo, cenizo en el sillón, con el alma más dolida, la pobre, que un estudio de Chopin, me viene a la cabeza el revólver en el cajón del armario y siguen lloviendo, por dentro de mis ojos, lágrimas de gruta sin fin (...)
Leyendo esto y mirando atrás, no podría decir desde hace cuánto tiempo ya he dejado de ser todavía... ¿Cuándo dejé de pararme a mirar un rato un partido de futbol de niños en un parque? ¿Cuándo dejé de "picarme" con cualquier viandante y acelerar mi paso para llegar antes que él a la esquina? ¿Cuándo, de guardar en una cajita una tuerca, una pila gastada y un cordón de zapato?