Ahora que trabajo en colegios, en un colegio diferente cada día, entro a contar cuentos a primera hora y salgo a última con un montón de niños agarrándose a mis piernas y colgándose de mi camisa. Hay muchas cosas en el interior de los colegios que siguen siendo como las recordamos, otras que son exactamente como las imaginamos fuera, y las menos son cosas que no nos esperaríamos encontrar.
No les voy a aburrir con detalles, sólo con una imagen: una niña de tres o cuatro años que, al salir, asió la mano de su abuelo octogenario y emprendió el camino a casa. Son abrumadora mayoría los abuelos que recogen a los niños, y sirven para cumplir una sentencia: los extremos de la vida siempre se tocan.
Ays... La verdad es que, por desgracia, los niños hoy en día tienen muy poca entidad y consciencia familiar porque sus papás están todo el día trabajando. Al menos, los abuelos son ese eslabón que hace que la cadena no se rompa y, quién sabe, si esa nena, algún día, irá a por su nietos... (casi seguro que sí). Besets. PD: Te he escrito.