todo es mentira Les tengo atadosmiéntemela vista atrás...y más que vendrá

 

El tiempo circular de los estoicos

A partir del lunes que viene volveré a uno de los lugares donde más feliz he sido, esta vez ya no como alumno, ya no como codirector, sino como profesor de cuentacuentos. Y no puedo añadirle ni una coma al texto que puse el año pasado, justo antes de irme, así que lo vuelvo a reproducir:

ceremonia de la anticipación

En este momento, en este preciso momento, hay alguien en un barrio no muy recomendable de Tánger(*) sentándose sobre la vieja y grande maleta familiar, tratando de cerrarla aunque falten tres días para el viaje. Ha reunido todo lo que cree que va a necesitar por duplicado, siente un hormigueo en el estómago porque el viaje es una mezcla de estudio y de placer, no pensó que fueran a darle la beca ni ha calculado bien si el dinero le va a alcanzar los quince días. Su padre le ha dado una lista con todos los parientes para los que hay que traer regalos, y su madre le ha escondido un billete de cincuenta euros entre la ropa interior, tendrán que pasarse hasta diciembre sin arreglar el techo, pero pueden aguantar. Tampoco sabe que en ese momento, en ese mismo momento y cruzando la frontera, alguien de un pueblo entre Mascara y Saïda repasa otra vez el horario de autobuses hasta Orán, y calcula las horas que pasará esperando en la parada porque el servicio tiene una regularidad caprichosa. Sabe también que el viaje por mar es tan largo y su hermana, que ya estuvo unos años atrás, le ha recomendado que se lo pase lo mejor posible y le ha dado uno de los bikinis que sólo usó entonces. Muy lejos, en la otra punta del mar, son cuatro las personas que en este mismo momento bendicen que la mitad de sus padres sea de España, haber heredado el idioma y, si las autoridades de Tel Aviv no encuentran problema, la oportunidad de vivir libertad genuina durante quince días. Ignoran que más lejos, pasado el otro extremo del mar y el siguiente extremo del océano, mientras ellos aún no hayan salido habrá alguien volando sobre el Atlántico a quien nadie ha advertido de que todo lo que le va a pasar durante los próximos quince días va a quedar marcado a fuego en el rincón de sus momentos más intensos. Precisamente cuando repase por tercera vez los cursos que, intuitivamente, ha elegido, habrá otra persona en Casablanca subrayando los horarios y el nombre de los profesores de los suyos. No saben que coincidirán por las tardes, que tomarán café en la misma mesa y que seguramente ya no podrán olvidarse. Un poco más allá, en un barrio más seguro una chica joven dobla cuidadosamente sus pañuelos y ensaya los movimientos de la danza del vientre que tendrá que enseñar a la persona que hace sólo un rato ha guardado el recorte de prensa donde vio el anuncio y que saldrá en el talgo de las siete y media para estar a tiempo en la sesión de apertura. Poco más allá, más cerca del mar, un hombre de manos grandes ordena las cintas de vídeo repletos de cortometrajes y escenas de películas que guarda para enseñar algo más que cómo hacer cine a partir de lunes.

A una persona que ha nacido muy lejos de ahí le late el corazón muy rápido de repente. No sabe que es el presentimiento de que encontrará a esa otra que vive en Sevilla y estudia en Madrid, de la que jurará no separarse mientras las fuerzas le aguanten.

Alguien que no es la primera vez que viene llora por la decisión que tomó hace meses y porque no sabe cuando volverá a ver a lo suyos.

Una estudiante del norte de Europa en su último año de español no puede imaginarse que el sábado estará leyendo ante trescientas personas, en su propia lengua natal, una forma de vínculo común que no tiene nombre. Un emigrante de las últimas guerras de los balcanes empaqueta dos marionetas sin saber exactamente qué va a hacer con ellas cuando llegue. Alguien que no conozco va a abrir su corazón de miserias y alegrías.

Y yo, que a veces no soy capaz de ver mi buena suerte, voy a estar a partir del lunes con toda esa gente.



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(*) Los barrios poco recomendables son los primeros que hay que buscar si uno va a instalarse en una nueva ciudad, los que más valen la pena.

Lo ha mentido el Mentiroso.

3.7.06


 

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