Hace poco se me acabó una de mis lecturas (casi) semanales: * Elia en el Congo. Durante más de un año, Elia ha estado viviendo y trabajando en la República del Congo, ha cambiado varias veces de casa, ha hecho excursiones a los países vecinos, nos ha contado el convulso proceso predemocrático que aún sufren... y ha sacado fotos de todo: la consistencia de los billetes, las explosiones de color en cada rincón, las cuarentenas...
Ahora ha vuelto a España hasta que encuentre un nuevo trabajo. Por la morriña con que se ha despedido de África, supongo que tratará de volver. Aprovechen ahora que los archivos están recientes, y sumérjanse en el corazón de África. Rápido.
Hay un postre que se hace con huevos, leche, harina, levadura y aceite. Se le puede poner una pizca de sal e incluso azúcar. Esa masa recubre una hoja de limonero y se come después de hornearla.
Aunque la hoja no se come, es inevitable que las partes más tostadas de la hoja vayan a la boca y de ahí al estómago, y se descubra que la parte más buena es la que no estaba destinada a ser comida
* * *
Hay una puerta, tras la puerta un patio, en el patio un pozo, dentro del pozo un niño flotando, a punto de agarrar el cubo que se ha quedado encallado en su caída. Si nos asomamos para intentar ayudarle, el niño nos hará tres preguntas. Si contestamos bien la primera, el cubo descenderá un poco. Si contestamos bien la segunda, el nivel del agua ascenderá un poco. Si contestamos bien la tercera, nos convertiremos en ese niño.
* * *
Hay una categoría de objetos que evocan fantasmalmente la utilidad que ya no tienen. Cuando encuentras una llave metida en un cajón y no sabes qué abre, pero evidentemente no abre algo que suelas usar, juegas según el tamaño a imaginar la puerta, la pequeña caja de caudales, el baúl, el armario que otra persona estará forzando en alguna parte del mundo.
* * *
Hay un laberinto construido bajo la ciudad de venecia hecho únicamente de setos y finos tabiques de barro y argamasa. La fórmula para salir de un laberinto con absoluta seguridad es elegir un lado y girar siempre hacia él. Al tratarse de una estructura cerrada, tarde o temprano se llegará al final.
El problema es que este laberinto se inunda con el agua de la laguna de Venecia, y sólo tiene unas pocas salidas a pozos que suben a patios ocultos tras puertas cuyas llaves no guarda nadie.
* * *
Hay una cantidad de hojas de limonero que caben en la mano. Se van apilando sobre la mano semicerrada hasta que se tienen muchas, hasta que se tienen suficientes, hasta que poner una sobre el montón haría que se cayesen el resto. Entonces es el momento de arrojarlas al aire y aspirar el rastro de la fragancia que dejan en el aire.
Algo dulces y algo amargas. A mí me han cabido cinco.
Lo ha mentido el Mentiroso. 18.12.06
"Recordad, todo lo que os diga tres veces siempre es verdad"
Corriendo. Todo pasa muy rápido. He de completar una mudanza antes de que una bandada de pinguinos migrantes aparezca en casa. Cogido a vuelapluma:
- Hombre, J., cuánto tiempo... ¿Estás bien, sigues haciendo lo mismo? - Sí ¿Y tú? ¿Eres poeta por fin?