Ahora ya sí estoy en un punto de no retorno. Dejo la literatura infantil, dejo las jornadas kilométricas para ir a contar cuentos en los colegios más escondidos, dejo de intentar hacerles ver a los adolescentes que leer lo es todo, que seguramente lo más importante que tendrán nunca serán las palabras.
Lo bueno y lo malo es que me voy a un sitio donde no tengo nada seguro, donde me piden un milagro cada día, donde sólo voy a depender de mi talento.
Estoy contento y tengo vértigo y soy feliz.
Lo ha mentido el Mentiroso. 17.6.07