Mi tío Pascual era marinero y no le tenía miedo a los nudos. “Es muy fácil”, me decía, “cada nudo que aprendes es más complejo que el anterior. Si no sabes desatar un nudo, busca otro más sencillo y, sabiendo deshacer este darás con la clave para deshacer aquel”.
Yo no sé nada de nudos, ni de barcos, ni de nadie, en general, de ninguna cosa, especialmente sobre el mar, al que prefiero conservar como un misterio. Lo que sí sé es en mirar cosas que normalmente no se ven, o en ver cosas que normalmente no se miran, que no es lo mismo aunque lo parezca. Hoy, por ejemplo, mi amigo Z. M. salía con el gesto más adusto, serio y triste que yo haya visto en toda mi vida. No tenía una mueca en la cara, ni iba llorando, mientras a su alrededor todo era alegría. En este lugar se propician muchos encuentros, muchas amistades y mucha felicidad. Caminaba errando, evitando a las personas como un barco desvencijado entre boyas luminosas.
¿Dónde nos llevarán los destinos?, me pregunto a veces, ¿qué parte de mi destino está siendo modificada por el encuento de esta noche? Su tío, Mohamed Hafi, el mayor de toda su familia, murió ayer por la noche después de una larga enfermedad. Yo no me tengo por una persona especialmente creyente ni espiritual, vivo agarrado a mis afectos y a 2 ó 3 objetos que no tienen más valor que el de amuletos personales ¿Qué destino, me he preguntado en ese momento, estoy modificando con el gesto que estoy haciendo? He buscado el nudo sencillo que en el pasado tuve que desatar para que me ayudara a deshacer el que tenía en ese momento, y aunque no soy un hombre religioso, ni sé nada de nudos ni de nadie, le he abrazo y dicho al oido: “No te preocupes por tu tío, porque Alá es Grande, y es Misericordioso, y es Compasivo”.
Lo ha mentido el Mentiroso. 24.7.07