"[...]Así que no me había transformado en alguien diferente, lo único que estaba en una habitación en la que según las leyes de la lógica -tal y como yo las conocía- no podía estar. Y conocía esta habitación, ya que en ella había conocido mujer ajena hacía unos veinte años [...] Me incorporé y sentí un urgente deseo de mirarme, no por lo que pudiera ver, ya que sentía aversión por mi aspecto, y con razón. No, se trataba de la confrontación. Tenía que saber qué versión de mí se hallaba presente aquí -en esta habitación de entonces-, la de ahora o la de entonces. No sabía qué encontraría peor. Saqué una pierna de la cama, una pierna blanca de anciano. Pero mis piernas siempre han tenido este aspecto, así que no podía deducir nada de esto. Sólo había una solución: el espejo del baño."