"Hace poco regalé a mi compañera Bordados, de Marjane Satrapi. Cuando se lo enseñé me dijo que ella no podía leer un cómic tan largo, que se aburriría y que preferiría literatura. Ante mi insistencia, esa misma noche empezó a leerlo y no pudo parar: lo devoró de un tirón, sin parar de reír y de emocionarse. Esta anécdota doméstica me sirve para ilustrar lo que ocurre hoy día con la novela gráfica: es un género que, sin ser nuevo, está lastrado por todo un imaginario de superhéroes americanos, una calidad endeble en sus tramas y un halo de infantilidad (...)"