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10/10/07
CALÍGULA: Es cierto. Pero antes no lo sabía. Ahora lo sé.(Continúa con naturalidad). El mundo, tal como está hecho, no es soportable. Por eso necesito la luna o la felicidad, o la inmortalidad, algo descabellado quizá, pero que no sea de este mundo.
HELICÓN: Es un razonamiento que se tiene de pie. Pero en general no es posible sostenerlo hasta el fin. CALÍGULA: (levantándose, pero con la misma sencillez) Tú de eso no sabes nada. Si las cosas no se consiguen es porque nunca se las persigue hasta el fin. Pero quizá baste con permanecer lógico hasta el fin.(Mira a HELICÓN). También sé lo que estás pensando. ¡Cuántas complicaciones por la muerte de una mujer! Pero no es eso.(...) Esa muerte no significa nada, te lo juro; sólo es la señal de una verdad que me hace necesaria la luna. Es una verdad muy simple y muy clara, un poco tonta, pero difícil de descubrir y pesada de llevar. HELICÓN: ¿Y cuál es esa verdad, Cayo? CALÍGULA: (apartado, en tono neutro) Los hombres mueren y no son felices. Calígula, Albert Camus |
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