en el espacio de sus ocho letras, cabe un tequiero que no es como el resto de tequieros que te haya dicho o que te hayan dicho, es más efímero, quebradizo, volátil que todos los anteriores, porque esos ya están en tu memoria y conservan un código de barras que te devuelve el olor de entonces, el color de aquel día, el sabor de lo inesperado; ni es como todos los que le seguirán porque esos son promesa, esperanza, vértigo, inquietud.
Es el tequiero de esta noche. El de tequieroatí, ahora.
Lo ha mentido el Mentiroso. 10.5.08