- No sé hacer eso. - Querrás decir que no quieres. - Ni sé, ni quiero. - Entonces, qué sabes hacer. - ¿Quieres que te descosa un rasgón de cielo negro, con sus estrellas, sus cometas y su astronauta desorientado? - No, quiero que hagas lo que te he pedido. - ¿No prefieres que me invente un sueño para ti? Uno bonito, que termine de verdad, que no te despiertes en lo mejor y puedas disfrutar hasta el final.
Negué con la cabeza.
- Me da vergüenza. - Pues no lo hagas.
Y, a pesar de que estábamos solos en la habitación, miró a un lado y a otro, se acercó a mi oído y emitió un suave y casi imperceptible gruñido.
Lo ha mentido el Mentiroso. 10.5.08